Me acuerdo de La Leyenda del Tiempo (III) de Carlota Ferrer y Darío Facal

Una primera crónica de “La Leyenda del tiempo” se pudo leer en Nueva Tribuna el 28 de diciembre de 2019 y una segunda versión se podrá leer en el número 6 de la revista Actuantes. Este tercer texto corresponde a las notas inconexas no incluidas en las dos versiones anteriores.

Carlota Ferrer y Darío Facal. Fotografía de Vanessa Rabade.

Es extraño tener escribir por tercera vez una crónica teniendo la sensación que aún no se ha dicho todo lo se quería decir, que aún queda vino en la copa y restos en la memoria. Eso me ha ocurrido con “La leyenda del tiempo”, una visión personal de “Así que pasen cinco años de Lorca” de Carlota Ferrer y Darío Facal, preestrenada en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares los días 27 y 28 de diciembre. 

He visto muchos Lorcas, leído mucho a Lorca, escuchado mucho Lorca, citado mucho a Lorca pero por estas lagunas de los humanos, nunca había visto sobre las tablas uno de sus teatros imposibles. O puede que sí y que no lo recuerde. Por eso no soy capaz de marcar la línea de lo que es Lorca, de lo que es Carlota Ferrer o Darío Facal. Tampoco es que importe demasiado en esta ocasión. Lo escrito, escrito está, pero para terminar de sacar el veneno poético, recurriré a pedir auxilio a Perec y a sus me acuerdo… 

Me acuerdo de una columna tras la que poder esconderme. 

Me acuerdo que un joven decía “Recuerdo que…” y un viejo le respondía “Siempre recuerdo.”

Me acuerdo que sangraban las rodillas. Carmín doloroso. 

Me acuerdo de unos versos muy quietos, en lo alto de unas escaleras que daban al precipicio. No había más peldaños que subir.

Me acuerdo de un toro con olor a muerte en los cuernos que vigilaba los sueños.

Me acuerdo de ver cabezas sin identificar jugando con el destino.

Me acuerdo de cinco pares de zapatos de charol, con cinco pares de calcetines idénticos. Como si las caretas fueran lo distinto y la esencia siempre la misma.

Me acuerdo de una ventana lanzada al aire que deja la pared sin respiración. Cerrada para siempre.

Me acuerdo de una canción de cuna en mitad de un mar de plata.

Me acuerdo el momento exacto en que decidí dejar de interpretarlo todo.

Me acuerdo de un bosque tan pequeño que asfixiaba y te atraía a su escala.

Me acuerdo que alguien decía que veía en la luna el retrato de su novia, pero era sólo una luna de cartón.

Me acuerdo un cartel lento que caía como un telón.

Me acuerdo de un teatro tan pequeño que parecía que mirabas por el agujero de una caja de música.

Me acuerdo que pensé en el Cabaret Voltaire.

Me acuerdo de una mano que sujetaba los actos. Primero, segundo, tercero. Quizá no hubo mano en el tercero.

Me acuerdo de un mar que se secó y se convirtió en bosque.

Me acuerdo unos personajes que manipulaban los hilos unos de otros como marionetas matrioskas.

Me acuerdo de unas grandes coletas rubias que quizá nadie más vio.

Me acuerdo de una novia que no era humana y debajo del blanco vestía de oro.

Me acuerdo un naipe roto desde atrás por un punto exacto, como si alguien jugara con las cartas marcadas. 

Me acuerdo de aplaudir mecánicamente, todavía impactado.

Me acuerdo que dijeron que trataba sobre el paso del tiempo. Durante setenta minutos no hubo reloj. Ni ayer. Ni mañana.

Me acuerdo de unas fotografías en blanco y negro con las que escribir poemas a máquina.

Me acuerdo que para ser poéticamente testigos y tomar notas claras y concisas era necesario esconderse tras una cabeza de caballo. 

Me acuerdo que no puede tomar ni una nota, porque habría necesitado un universo de papel.  

Me acuerdo que al salir la noria seguía ahí girando, como la vida. 

Me acuerdo que hay veces que los me acuerdo no se terminan nunca.

Me acuerdo que Perec con toda su capacidad de síntesis necesitó 480. 

Me acuerdo de buscar dónde se volvería a representar.

Me acuerdo que a finales de enero estará en Sevilla y que tendré que revisitarla.

Me acuerdo que después ocurrirá en Madrid. 

Me acuerdo que dijeron que sería la versión definitiva. Nunca hay nada definitivo. Ni el olvido. Ni la memoria.

Me acuerdo que seguirá creciendo.

Recuerdo que no hay imágenes. El tiempo es pasado o es futuro y las fotos son siempre presente eterno.

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